desde ogigia
Mal empieza Feijóo la campaña
Uno es muy partidario de Aristóteles y de la madre de Forrest Gump. Por eso tengo para mí que nacionalista es el que hace cosas de nacionalistas
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Cuando los mercaderes comercian en el templo de la democracia, lo suyo es derribar sus mesas. Pasando de los Evangelios (buenas noticias, literalmente) a las campañas electorales, es mala noticia que Feijóo ni siquiera supiera hasta hace unas horas, cuando sus asesores se lo contaron, ... que existe una mesa de negociación entre los gobiernos de España y Cataluña en pie de igualdad, basada en la existencia de un conflicto, carente de soporte legal, suplantadora de instituciones como las Cortes o el Parlamento de Cataluña, madre de leyes dirigidas a personas concretas (aberración jurídica), origen de una derogación de la sedición que deja a España indefensa, paritorio de reformas como la del delito de malversación –también ajustada a conveniencias personales– y declaradamente orientada a saltarse la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán vía leyes orgánicas. Esa es la mesa cuya existencia ignoraba Feijóo. Eso en el mejor de los casos, el único que justificaría regalarle al sanchismo esta declaración: «No tengo interés en ir contra ninguna mesa si está constituida y tiene como objetivo fundamental tratar asuntos que no afecten a los demás».
Siguiendo con el supuesto más favorable, al ignorar Feijóo que existía la mesa, ignoraba también los inequívocos pronunciamientos del PP en su contra. Tras la catástrofe programática y comunicativa con que ha abierto la campaña, los suyos han corrido a ilustrar al hombre de quien se espera la derogación del sanchismo, y han desmentido a su líder. Así, Feijóo se somete a un oneroso control de daños, pero se le puede seguir atribuyendo buena voluntad. Torpe, despistado, sin interés por uno de los más graves problemas de España, vale, pero bienintencionado.
Cualquier otra hipótesis es peor. Incluso una bastante probable considerando los antecedentes de su partido y el personal estilo de Feijóo. En cuanto a antecedentes, basta acudir al ejemplo más vistoso del acomplejamiento popular cuando tienen delante a un entrevistador cargado de prejuicios contra la derecha española (excluyendo la ultraderecha catalana, Junts). Resuena aún lo de Casado en la radio de Godó, su condena a la actuación policial en el infausto 1-O. Los sucesivos líderes del PP no han buscado en Cataluña tanto el cumplimiento de la ley cuanto la aceptación del Círculo de Economía, 'La Vanguardia' y la panda de empresarios ocurrentes que alentaron el golpe de Estado. Su guía principal fue durante mucho tiempo Pepe Antich, dieciséis años director de 'La Vanguardia' y hoy de un medio separatista, supremacista y propagador del odio. De esa fuente bebían para entender Cataluña. No es extraño que sus votantes los abandonaran. El otro punto para valorar la hipótesis alternativa al desconocimiento de la mesa de diálogo es el estilo Feijóo, que ya vamos conociendo.
El expresidente de Galicia ha encadenado allí grandes triunfos a base de sumar al voto popular el de muchos nacionalistas. Es difícil que el nacionalista gallego se sienta incómodo con una Administración que solo se dirige por escrito en gallego a sus administrados, con un presidente que afirma (por supuesto en Barcelona, ese triángulo de las Bermudas del PP): «Yo en Galicia nunca me expresaba en público en castellano». Qué tío tan guay. No puede estar muy disgustado el nacionalista gallego con la campaña anual que busca erradicar el español de la vida de los niños durante tres semanas, las veinticuatro horas del día. Feliz se ha de encontrar el nacionalista gallego en una comunidad donde, tras tantas legislaturas de Feijóo, una violinista se ha quedado sin plaza de profesora –pese a obtener una nota de 100 sobre 100 y tener diecisiete años de experiencia docente en Galicia– por no acreditar suficiente conocimiento de lengua gallega. Porque eso es lo que le acaba de pasar a una señora de origen polaco: ha visto cómo la plaza a la que optaba se la lleva quien ha obtenido una nota de 35 sobre 100.
Las políticas de la Galicia de Feijóo en materia lingüística, que es crucial, son puramente nacionalistas. «Feijóo no es nacionalista», responden los cargos populares a los que se les cuenta injusticias como las consignadas, y sonríen abriendo los brazos como quien se ve en la tesitura de recordar una obviedad. Pero uno es muy partidario del Aristóteles de 'Ética a Nicómaco' y de la madre de Forrest Gump. Nos enseña el primero que virtuoso es quien hace cosas virtuosas, y está claro que la segunda instruye bien a su hijo en la inolvidable cinta de Zemeckis: «Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías». Por eso tengo para mí que nacionalista es el que hace cosas de nacionalistas.
Acostumbrado a ganarse al contrario a base de parecerse a él (sea el contrario nacionalista o 'woke', o ambas cosas), el estilo Feijóo es una ventaja en términos electorales y un problema en términos políticos. Un imán del voto y una decepción anunciada tan pronto como gane las generales. El estilo escogido, que le ha funcionado en Galicia, parece seguir una regla secreta: no decir nunca 'no' a una pregunta directa. Su instinto le indica, ante cuestiones como la tocante a la 'mesa de diálogo', que una negativa tajante va a molestar a alguien, y para evitarlo molesta a aquellos de sus votantes que no son 'hooligans'. Eludir el 'no' directo no significa decir 'sí', sino negar la esperada negación con algo del tipo «no tengo interés en ir contra ninguna mesa si está constituida». Ese instinto y ese estilo ya ha provocado el primer incendio de campaña, y han tenido que acudir los bomberos de Génova a negar la negación de la negación obligada.
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